Son una parte importante del camino.
El año empezó bien.
Durante enero y febrero, el mercado subió más de un 4%. Nada fuera de lo normal.
Pero en marzo, con la escalada del conflicto en Medio Oriente, la suba del petróleo y nuevas dudas sobre el impacto de la inteligencia artificial, el mercado retrocedió casi un 10%.
Y, como suele ocurrir, aparecieron las preguntas:
¿Y si esto recién empieza? ¿Y si debería esperar?
Pero mientras muchos todavía procesaban la caída, el mercado hizo lo que tantas veces ha hecho: se recuperó.
Hoy, estamos más de un 6% arriba en el año.
Las caídas no son el problema. Y para quienes estamos acumulando, pueden ser, de hecho, una oportunidad.
Si miramos hacia atrás, esto no debería sorprendernos.
En marzo de 2020, en pleno COVID, el mercado cayó más de un 30% en pocas semanas. La incertidumbre era total. El mundo se cerraba. Parecía lógico esperar.
Pero el mercado no esperó.
En pocos meses, gran parte de la caída se había recuperado. Y para fin de ese mismo año, el mercado ya estaba en terreno positivo, con un retorno superior al 15%.
Lo mismo ocurrió en 2022.
Ese año, el mercado global cayó cerca de un 25%, en medio de inflación alta, suba de tasas y temores de recesión. Las narrativas eran convincentes. La prudencia parecía ser salir.
Pero desde ese piso, las acciones tuvieron una recuperación muy significativa: hoy están más de un 50% arriba para quien invirtió justo antes de esa caída, y más de un 100% arriba desde los niveles más bajos de 2022.
El patrón es siempre el mismo.
Las caídas vienen acompañadas de narrativas que suenan muy convincentes. Pero las recuperaciones suelen ocurrir antes de que esas narrativas desaparezcan.
Para quien está construyendo patrimonio, esto es clave.
Cada caída implica que las mismas empresas, que generan valor todos los días, están disponibles a precios más bajos.
No es intuitivo.
Porque emocionalmente, las caídas se sienten como riesgo. Pero financieramente, son parte del proceso.
Son el precio de admisión a los retornos que históricamente han ofrecido las acciones, que han sido más del doble que los de los bonos en el largo plazo.
Invertir no es evitar estos momentos. Es entenderlos.
Y, sobre todo, no dejar que nos desvíen del plan.
Porque las crisis van a seguir ocurriendo. Las caídas también.
Pero también lo hará la capacidad de las empresas —que no es otra cosa que el ingenio humano— de adaptarse, innovar y crecer.
Y es eso, no los titulares, lo que termina definiendo los resultados en el largo plazo.
¿Por qué las caídas siempre parecen más graves en el momento en que ocurren?
Porque están acompañadas de narrativas muy convincentes: guerras, crisis económicas, cambios tecnológicos.
Pero el mercado no espera a que esas historias se resuelvan. El mercado mira hacia adelante y se adelanta.
Por eso, lo que se siente como un punto de inflexión suele ser, en realidad, parte normal del proceso.

Nantas es una firma de asesoramiento financiero independiente registrada ante el Banco Central del Uruguay como Asesor de Inversión y ante la U.S. Securities and Exchange Commission (SEC) como investment adviser.
El registro ante la SEC no implica un determinado nivel de habilidad o capacitación.
Copyright © Nantas SA