Durante años, la sabiduría convencional repitió que lo prudente era reducir el riesgo con el tiempo: comenzar con muchas acciones y, a medida que uno se acerca a la jubilación, reemplazarlas por bonos. Pero un nuevo
estudio académico desafía por completo esa idea.
El profesor Scott Cederburg, de la Universidad de Arizona, junto a un equipo de investigadores, analizó más de 130 años de datos de 39 países para evaluar cómo distintas combinaciones de acciones y bonos se comportan a lo largo de la vida de un inversor.
El resultado fue claro:
- Las carteras 100% en acciones durante toda la vida, diversificadas globalmente, superaron a todas las demás estrategias en casi todos los escenarios posibles.
- No solo ofrecieron mayor crecimiento, sino también mayor seguridad a largo plazo, medida como la probabilidad de no quedarse sin dinero durante la jubilación.
- En cambio, las carteras mixtas —las típicas 60/40 o los fondos “balanceados”— resultaron ser mucho más frágiles de lo que se creía.
El estudio muestra que lo que solemos llamar “seguridad” (menos volatilidad en el corto plazo) puede terminar siendo el mayor riesgo de todos: el riesgo de quedarse corto de dinero en el futuro.
Los autores concluyen que, para quien invierte a lo largo de su vida y mantiene una disciplina constante, la exposición plena a acciones globales es la estrategia más eficiente, más rentable y, paradójicamente, más segura.
En otras palabras: los mercados premiaron, y probablemente seguirán premiando, a quienes permanecen dueños del crecimiento económico global sin intentar suavizar el viaje. El precio es la volatilidad; la recompensa, la independencia financiera y riqueza generacional.
Pregunta frecuente:
¿No es demasiado riesgoso mantener todas mis inversiones en acciones, incluso al acercarme a la jubilación?
Respuesta breve:
Solo si tu horizonte es corto. A largo plazo, las acciones no son el riesgo, son la protección. Los bonos pueden ofrecer calma momentánea, pero rara vez conservan el poder de compra ni sostienen la jubilación en el tiempo. La clave no es evitar la volatilidad, sino tener un plan que te permita atravesarla.