La verdad incómoda sobre las acciones individuales

No necesitás encontrar la aguja. Necesitás comprar el pajar.

Ya me han escuchado decir que invertir en acciones es la mejor manera de construir riqueza. Y es cierto.

Pero hay un detalle que casi nadie menciona: la mayoría de las acciones individuales son malas inversiones.
 
El profesor Henrik Bessembinder, de la Universidad Estatal de Arizona, analizó todas las acciones listadas en EE.UU. desde 1926. Sus hallazgos fueron tan contundentes como incómodos:
 
  • Casi la mitad de las acciones tuvieron retornos negativos a lo largo de su vida.
  • Solo una de cada cuatro logró superar el retorno de los T-Bills, considerada la inversión libre de riesgo.
  • apenas un 4% de las acciones explicó todo el crecimiento neto del mercado a lo largo del siglo.
 
En otras palabras: el mercado accionario ha sido una máquina extraordinaria de creación de riqueza, pero gracias a un puñado de ganadores gigantescos.
La mayoría de las acciones comunes no solo no contribuyen, sino que terminan destruyendo valor.
 
Y eso explica por qué la mayoría de los gestores activos también lo pasan mal al intentar ganarle al índice de forma consistente. No es por falta de inteligencia, sino porque estadísticamente están en desventaja al elegir acciones en un universo donde solo una minoría dará resultados sobresalientes.
 
Cuando invertís concentrando tu dinero en unas pocas acciones, las probabilidades están en tu contra. Incluso un portafolio con 100 acciones tiene el riesgo de diferir significativamente del retorno del mercado.
 
Volviendo al ejemplo sencillo: solo quien invierte en todas las empresas —por ejemplo, a través de un fondo indexado amplio— tiene garantizado capturar ese pequeño grupo de superganadoras que impulsan los retornos del mercado.
 
El mercado sí gana. Pero lo hace porque unas pocas compañías excepcionales —las Apples, Amazons y Microsofts de cada época— compensan con creces a las miles de empresas que no tienen éxito.
 
El problema es que esas pocas ganadoras solo se conocen después.
Por eso, como decía Jack Bogle:
“No busques la aguja en el pajar. Comprá el pajar.”
La verdadera sabiduría no está en elegir las acciones correctas, sino en aceptar que no necesitas elegirlas.
Diversificar ampliamente es lo que te da la tranquilidad de saber que, ocurra lo que ocurra, vos ya estás del lado ganador.
 
Pregunta frecuente:
Entonces, ¿es imposible “ganarle al mercado” eligiendo acciones?
 
Respuesta breve:
Imposible no, pero altamente improbable. Para ganarle al mercado deberías identificar, antes que nadie, las pocas empresas que dominarán durante décadas… y mantenerlas a pesar de todas sus caídas. Más del 90% de los profesionales no lo logra, no por falta de talento, sino porque las probabilidades están en contra.
Esto es el interés compuesto en acción: primero sos vos el que impulsa la rueda. Después, la rueda gira sola… y cada año lo hace más rápido.
 
No hay magia en esto. No hay secretos. Solo disciplina al principio, paciencia en el medio y serenidad en el largo plazo.
Y la certeza de que este camino funciona.
 
Pregunta frecuente:
¿Y si no tengo mucho capital para empezar a invertir, vale la pena hacerlo?
 
Respuesta breve:
Sí. No importa el monto inicial, importa el hábito. Comenzar con poco —pero de manera constante y automática— es infinitamente más poderoso que esperar a tener “más” para empezar. El interés compuesto premia la constancia, no la perfección. Justamente por esto, en Nantas Ahorro optamos por que no existan mínimos iniciales para comenzar.