Guerras y mercados: evidencia histórica para el inversor de largo plazo

Las guerras generan incertidumbre, pero la historia muestra que el mayor riesgo para el inversor no está en los eventos, sino en cómo reacciona frente a ellos.

Guerras y mercados: evidencia histórica para el inversor de largo plazo

Dado el reciente conflicto bélico entre Estados Unidos e Irán y el impacto que esto ha tenido en los mercados, así como en todos los titulares, me parece oportuno encuadrar este evento desde la óptica de la interrelación histórica entre guerras y mercados financieros.

No es el ánimo del artículo minimizar esta ni las anteriores guerras, las cuales han sido devastadoras para todas las vidas afectadas por ellas. De lo contrario, la mira está puesta únicamente en el impacto que estas han tenido en los mercados y desde la óptica de un inversor global.

Como veremos a continuación, desde esa dimensión, el impacto ha sido en general mucho menor al que uno creería.

Lo primero: ¿Por qué se mueven los mercados?

Antes de entrar en lo que la evidencia histórica nos dice sobre el impacto de las guerras, vale la pena repasar brevemente por qué se mueven los mercados.

Los activos financieros se valúan en base a los flujos de fondos esperados en el futuro, descontados a una tasa que refleja el riesgo. Cuanto más lejanos e inciertos son esos flujos, mayor es el descuento.

En la práctica, los precios se mueven por dos grandes razones:

  • Cambios en los flujos de fondos esperados 
  • Cambios en la tasa de descuento aplicada a esos flujos 

 

Los conflictos bélicos afectan ambas variables. Por un lado, deterioran expectativas de crecimiento. Por otro, aumentan la incertidumbre.

El resultado es claro: caída de precios.

Pero hay una segunda derivada importante. Si aumenta la tasa de descuento, también aumenta el retorno esperado. Porque, en definitiva, la tasa de descuento es el retorno que el inversor exige.

Los mercados reaccionan a la sorpresa, no a los eventos

Los mercados miran hacia adelante en todo momento y los precios se ajustan en función de nueva información.

Por eso, cuando leemos una noticia en los titulares, en realidad estamos llegando tarde. Para nosotros es novedad. Para el mercado, ya está incorporada en el precio.

En otras palabras, el problema no es la guerra. Es cómo reacciona el inversor frente a ella.

Esto tiene una implicancia importante. Una vez que la información se incorpora en los precios, los retornos esperados vuelven a ser positivos. Incluso en los peores momentos.

La evidencia histórica es clara en este punto. Los mercados accionarios globales han continuado creciendo a lo largo del tiempo a pesar de guerras, crisis económicas y eventos políticos de todo tipo.

Esto no minimiza la gravedad de estos eventos. Pero sí sugiere que los inversores no suelen beneficiarse de salir del mercado accionario en estos contextos.

Para un inversor de largo plazo, lo más prudente suele ser mantener el rumbo.

El mayor impacto: los países que pierden

Si uno mira la historia, hay casos donde el impacto de las guerras en los mercados fue devastador. Pero esos casos tienen un patrón muy claro. Se trata de países puntuales donde hubo cambios de régimen económico o, en su defecto, de los países más arrasados por el conflicto.

Algunos ejemplos ilustrativos:

  • Rusia en 1917 y China en 1949, donde las guerras derivaron en cambios de régimen hacia sistemas comunistas con expropiación total de activos 
  • Primera Guerra Mundial (1914–1918): caída del 67% en el mercado accionario alemán durante el conflicto y de aproximadamente 90% si se incluye la posguerra hasta 1922 
  • Segunda Guerra Mundial (1939–1945): nuevamente una caída cercana al 90% en Alemania (incluyendo la posguerra hasta 1947) y de casi 99% en el mercado accionario japonés 

 

En todos estos casos, los inversores sufrieron pérdidas extremas o directamente totales en términos reales.

Pero pérdidas de esa magnitud son, más que una historia sobre guerras, una historia sobre concentración en un solo país. Porque en los mercados, el riesgo extremo rara vez viene del evento. Viene de no estar diversificado cuando ese evento ocurre.

Un inversor globalmente diversificado tuvo una experiencia muy distinta. Durante las dos guerras mundiales:

  • El mercado global cayó aproximadamente 31% en la Primera, mientras que Estados Unidos y el Reino Unido cayeron solo 18% y 17% respectivamente 
  • En la Segunda, la caída global fue de alrededor de 15%, con Estados Unidos y el Reino Unido mostrando retornos positivos de 22% y 34% 

 

Son caídas relevantes, sin dudas. Pero muy lejos de una destrucción permanente de capital.

Incluso las peores caídas terminan recuperándose

A excepción de los casos de Rusia y China, donde la guerra vino acompañada de un cambio de régimen económico, el resto de los conflictos han generado caídas profundas pero temporales, incluso en los escenarios más extremos.

De hecho, las recuperaciones posteriores estuvieron asociadas a algunos de los retornos más altos registrados en la historia.

El caso de Alemania es particularmente ilustrativo. Luego de una caída cercana al 90%, entre 1949 y 1959 su mercado accionario registró un retorno anual del 61% en términos reales medidos en dólares. Un inversor que hubiera invertido en 1939 y mantenido su posición habría visto su inversión caer prácticamente a cero en 1947, para luego triplicar su valor original hacia 1952.

Japón mostró una dinámica similar. Su mercado accionario creció a una tasa del 28% anual entre 1949 y 1959. Sin embargo, debido a que las pérdidas iniciales fueron aún más severas, el proceso de recuperación fue más largo. Recién hacia 1969 se recuperó el poder adquisitivo de una inversión realizada en 1939.

Lo que muestran estos casos no es solo la magnitud de las caídas, sino también la capacidad de recuperación de los mercados accionarios, incluso frente a los eventos más extremos que podamos imaginar.

En el siguiente gráfico se puede observar cómo, a pesar de las guerras y conflictos de los últimos 100 años, el mercado accionario (en este caso representado por Estados Unidos) ha continuado su tendencia ascendente a medida que las empresas generan valor a lo largo del tiempo.

El impacto en la renta fija

En contextos como estos, muchos inversores tienden a ver a los bonos como el refugio natural. Sin embargo, la evidencia histórica no acompaña esa narrativa.

Períodos asociados a guerras, especialmente cuando vienen acompañados de inflación, han sido devastadores para la renta fija:

  • Desde el 1900 el retorno anualizado para los bonos ha sido negativo en términos reales en ocho países, principalmente asociado a las guerras y sus consecuencias durante la primera mitad del siglo pasado. Ninguno de los 21 países para los que tenemos data desde ese año ha tenido retornos negativos para las acciones.
  • Los bonos alemanes tuvieron una pérdida del 100% durante la hiperinflación de la posguerra en 1922 a 1923
  • Los bonos americanos tuvieron una caída del 67% en términos reales comenzando en 1940 y no recuperaron su poder de compra hasta 1991
  • Los bonos británicos tuvieron una caída del 74% a partir de 1946 y no se recuperaron hasta 1993

 

Esto no implica que los bonos no tengan un rol. Pero sí refuerza una idea clave:
no hay verdaderos activos refugio, hay carteras bien, o mal, diversificadas.

Qué pasa después de los conflictos

Cuando uno se aleja de los ejemplos más extremos y mira la evidencia de forma más sistemática, el patrón es bastante consistente.

En el corto plazo, los resultados son impredecibles. Puede haber caídas, rebotes o movimientos mixtos. Pero a medida que el horizonte se extiende, la historia cambia.

  • Mayor volatilidad en el corto plazo 
  • Resultados mixtos a 3 meses y 1 año 
  • Resultados consistentemente positivos a 3 años 

 

Esto no significa que los conflictos no importen. Significa que los mercados se adaptan y que el impacto tiende a diluirse con el tiempo.

Los peores retornos ocurrieron en tiempos de paz

Este es probablemente el dato más contraintuitivo.
Las mayores caídas del mercado global no ocurrieron en guerras, sino en períodos de paz:

  • 1929: -54% (Crash de Wall Street y Gran Depresión) 
  • 1973: -47% (Shock del petróleo y recesión) 
  • 2000: -44% (Crisis punto com y entorno posterior al 9/11) 
  • 2008: -41% (Crisis financiera e inmobiliaria) 

 

Si un inversor no puede tolerar la volatilidad asociada a guerras, difícilmente pueda tolerar la volatilidad propia de los mercados.

Habiendo dicho esto, más allá de que las acciones han sido volátiles en momentos puntuales, para un inversor globalmente diversificado el viaje ha sido relativamente estable a lo largo del tiempo, especialmente en comparación con inversores en bonos o concentrados en un solo país.

Conclusión

A lo largo de la historia, los mercados han atravesado guerras mundiales, crisis económicas, revoluciones, pandemias y todo tipo de eventos que, en su momento, parecían excepcionales.

Y sin embargo, han seguido avanzando.

El mercado global ha retornado 5,2% anual en términos reales (aproximadamente 8,2% en dólares) en los últimos 125 años.

Y no porque el mundo haya sido estable.

Sino porque nunca lo fue. Y justamente por eso, invertir siempre implicó, e implica, un retorno esperado positivo para quienes tienen el optimismo y la convicción de apostar por el ingenio humano y su capacidad de superar los desafíos que inevitablemente aparecen.

El desafío para el inversor no es evitar la incertidumbre. Es aprender a convivir con ella sin reaccionar de más.

Porque, en definitiva, el inversor exitoso no es el que predice los eventos. Es el que logra mantenerse invertido, a pesar de ellos.

Cr. Rodrigo Cancela, CFA

Fuentes

1 – DMS Yearbook 2025

2 – Avantis EMEA Field Guide February 2026

3 – Common Sense Investing: Stocks, Bonds, and War